sábado, 29 de septiembre de 2007

Introducción

Para hacer teatro son necesarios dos textos de naturaleza diferente. Por un lado, el texto dramático, que es el que escribió el autor. Por otro, el texto espectacular, que es el que se desarrolla sobre el escenario.

El código dramático se sirve del código lingüístico para expresar una historia y tiene como destinatario a un lector. En cambio el texto espectacular recurre para darle vida a esa historia, a códigos múltiples y simultáneos: además del lingüístico, se sirve de códigos gestuales, sonoros, lumínicos y escenográficos y tiene como destinatario al espectador. Se puede decir, entonces que el teatro es un juego.

La obra que analizaremos es Venecia de Jorge Accame en su total complejidad. La elección del texto se fundamenta por el contexto en el que se sitúa la acción, los personajes, por los regionalismos, el registro de la cultura popular que nos resulta familiar; y por los valores que sustenta (solidaridad, esperanza, gratitud, ensueño, ilusión).

En la lectura del texto dramático la organización en el espacio de la página difiere de las de otros textos; se reconoce que por un lado hay diálogos entre personajes (parlamentos) y por el otro, una serie de indicaciones, llamadas didascalias o acotaciones (se refieren a los gestos, desplazamientos de los personajes, al vestuario, escenografía, luces y sonidos). Las didascalias son el punto de unión entre el texto dramático y el texto espectacular, es decir, aquella zona del texto que permite o facilita la traducción de las palabras a acciones que cobrarán vida en el ámbito del espectáculo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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